por
JustCass
@ Viernes, 03. Mar, 2006 - 06:25:04 pm
Aqui les dejo esto y espero que tengan un muy feliz fin de semana.

DE NIÑA A MUJER
Definitivamente no deseaba este viaje, no quería ir a enterrarme a ese pueblo perdido en donde nació mi padre, acababa de terminar las clases y deseaba ir a un sitio divertido, no a ese monasterio que era la casa de mis tías, ya ni la perspectiva de ir a la hacienda me emocionaba, que demonios iba a hacer yo en un pueblo donde lo mas emocionante que se podía hacer era ir a misa los domingos, o ver Tv. -sí es que había buena recepción, que era una posibilidad mas bien nula- pero bueno ni modo, papá debía ir a hacer campaña para su reelección política, así que a regañadientes nos fuimos.
Cuando llegamos, todo estuvo muy previsible, hubo el acostumbrado intercambio de besos, abrazos y los predecibles comentarios obligados de siempre, !!!! Cómo has crecido !!!!, ! qué bella estás !, y !!! horror !!!, los apretujones de los "primos", "tíos" y la familia que siempre le sale a uno en campaña electoral, pero bueno, había que resignarse y congelar la sonrisa en la cara !Y falsear toda esa dulzura adolescente que guardamos en los intestinos! Todo por la reelección, finalmente logramos salir de ese descampado con choza de control que tienen por aeropuerto en ese paupérrimo pueblo del carajo, que de bromita sale en los mapas.
Al llegar a la casa me di cuenta de que no era tan deprimente como yo la recordaba ¡Era peor¡ En la puerta nos recibió la tía Tula, que era una viejecita que tenía como cien años, menudita, chiquitica, arrugadita y...beata, ! cómo ella sola ! Aunque a decir verdad era muy buena, y tenía su cabeza muy bien, daba unos abrazos por el ombligo de lo mas afectuosos, tenía su cabello negrito como el azabache y una linda sonrisa, cuando sonreía las arrugas le llegaban al oído medio, pero tenían tanto cariño y calidez que calaban hondo en el corazón, siempre vestía colores oscuros y cargaba su rosario en el cinto. Se levantaba a las 5 de la mañana cada día para rezar, abrir la puerta de la Iglesia y escuchar la primera misa del día, luego volvía a la casa a cocinar junto con las otras tías y a las 3 de la tarde rezaba el Jesús de la Misericordia, seguía haciendo lo que fuera que estuviera haciendo y luego volvía a rezar un rosario antes de acostarse, y así era su día a día desde siempre.
Luego estaba el tío Adolfo, ese sí que era todo un personaje, un gran soñador, viejecito también pero alto y flaquito, siempre mascullaba entre dientes no sé que cosa de unas morocotas que tenía en no sé donde o algo así…claro, no era que estuviese loco ni nada por el estilo, él saludaba y sabía donde estaba y respondía bien, era un viejecito afable, hasta que se sentaba a soñar en la mecedora que tenía en el corredor de la casa, !ahí sí! ¡Lo perdíamos al viejito! Entre sus morocotas y sus viajes imaginarios… hasta que lo llamábamos a comer, siempre y cuando no hubiese encontrado su tesoro en ese preciso momento, pero bueno, la verdad es que todo el mundo lo quería. A veces se ponía su saco azul, le abrochaba su único botón, se ponía su sombrero y se iba a caminar por el pueblo, eso sí, era saludado por todos, respondía los saludos y se paraba a conversar de vez en cuando acerca de la familia, de sus aventuras, todos le preguntaban por sus andanzas y su búsqueda… y él siempre agradeció el interés. Iba a casa de su novia ¡sí! el tío Adolfo tenía novia… desde hacía como cuarenta años, y siempre decía que tan pronto como encontrara las morocotas se casaba - ella fiel - siempre lo esperó, se sentaba todas las tardes en el poyo de la ventana que daba a la acera a recibirle la visita y supongo que soñaba junto al tío Adolfo lo que harían cuando finalmente encontraran su tesoro perdido.
También vivían allí la tía Isadora, mujer encantadora, simpática, conversadora, muy afable y cariñosa, era, mejor dicho es, porque vive, a mi me parecía que ella me estaba mas de "acá" que los otros dos, que me parecía que estaban mas bien "allá". No se vaya a pensar que no los quería a los tíos, si los quería y mucho, yo los quería a todos en la casa, hasta a las gallinas las quería, porque en esa casa eran tan buenos y piadosos que las gallinas se morían de viejas, eran "de la familia", el único que no se salvó fue un pavo, que se murió del susto cuando vio llegar al tío Adolfo con un machete en las manos, diciendo no sé que sandeces de que se embarcaba en busca de su fortuna, que ya se había acordado donde había dejado las morocotas - valga aclarar que nadie recordaba que Adolfo hubiese salido jamás del pueblo, salvo para ir a la hacienda - pero bueno estoy divagando y me estoy saliendo del tema, contaba que estaba la tía Isadora, Tula y Adolfo - bueno en realidad estos eran tíos de mi papá - luego estaba Romualda, la hermana de mi papá, a quién todo le parecía: “!Ah! !Maravilloso!” Y así por el estilo eran todas sus expresiones entusiastas, es muy dulce, muy romántica creo, sencilla, disfrutaba y sigue disfrutando todo diría yo, ¡todo le gusta! siempre y cuando sea algo agradable, si es feo, violento o malo, se pone las manos en la cara y exclama: !!!Que horrorrrr!!! moviendo la cabeza de un lado al otro, ella también está del lado de "acá".
Estaban también Miriam, que la habían criado mis tías desde niña, a petición de sus padres que tenían catorce hijos, - quince con ella - y deseaban que ella fuese educada en una casa de: " Señoritas de bien ¡Cómo usté pué!” Y así la fueron criando !cómo ellas pué!, hasta que un día... se enamoró la muchacha y entre preparativos de boda y demás, se le perdió la "señoritez po’er camino pué", el novio se fue a buscarle la "señoritez" que se le había perdido a la pobre y nunca mas volvió… y tengo la ligera sospecha de que ya no volverá, porque diez años después lo encontraron ahogado en un río.
Y por supuesto está Danielito, que fue lo único que José le dejó a Miriam: “pa´ que no se olvide uté de mí". Miriam, es una joven alegre, dicharachera, con una enorme alegría de vivir, y muchas ganas de divertirse, Danielito, bueno, ya tenía tres años y era un dulce que se lanzaba a mis brazos a colmarme de besos y mimos. ! Vamos, que era un dulce el niño ! también estaba Bartola, que era la señora que ayudaba a las tías Tula e Isadora con los quehaceres de la casa, leeeeeeeenta como ella sola la pobre, porque se distraía con todo, si una hormiga pasaba ella se la quedaba viendo y parecía pensar en la inmortalidad del cangrejo o pensaba en quien sabe que… porque hablaba poco la pobre, entonces todo le tomaba años terminarlo entre distracciones, pero ella no vivía allí, se iba a las seis y a las seis de la mañana del día siguiente, regresaba a perderse de nuevo entre sus distracciones y a quemar el arroz del día como no la vigilaran las tías.
Y por supuesto la abuela, que era una viejecita encantadora, muy cuerda, la que mantenía el orden, mujer muy cristiana y amorosa, que se derretía por nosotros, era chiquitica, de contextura un poquito gruesa, con el cabello entrecano (ya para ese momento, mas cano que entre) y superinteligente, sabía muchos cuentos e historias, en fin parecía una abuela de cuentos, a ella la adoraba.
Bien, creo que ya describí a todas las personas que vivían allí, y decía al principio de este relato que yo no deseaba venir, a pesar de lo pintorescos que eran todos en realidad, yo lo que tenía eran catorce años y ganas de divertirme, de salir con gente joven y divertida, estaba empezando a superar mi timidez, así que lo que menos deseaba era perder días de mis vacaciones haciendo campaña en ese pueblo olvidado por Dios, me aburría enormemente la política y no deseaba tener nada que ver con ella, así que estaba resignada a consumirme como una ostra, encerrada en aquel caserón.
Esa tarde, Miriam que estaba feliz de tenerme en la casa, y de tener alguien mas contemporánea a ella cerca - tenía veintiún años para aquella época - me propuso que saliéramos a dar una vuelta por el pueblo y fue tanto lo que insistió que me fui con ella, una vez afuera me habló de una prima que yo tenía, que era divertidísima según Miriam - yo no la conocía - y de un teléfono público de la Plaza Bolívar… ¡Aaah porque eso sí! Como todo pueblo venezolano que se respete, al menos tenía su Plaza Bolívar, la llamó y quedó con ella en que nos encontraríamos para presentarnos y no paraba de afirmar que nos íbamos a caer fantástico y no sé cuanto, luego me llevó al sitio del encuentro que para mi completo espanto, era en la casa del partido político al que pertenecía papá, y casi junto con nosotras, llegó en una destartalada camioneta que iba dejando los pedazos en la vía, mi prima, que enseguida me cayó bien pues me recordaba a Raquel, quien era mi confidente y buena amiga, congeniamos rápido y así me enteré que ella era la coordinadora de la campaña regional del partido.
Nos dirigimos a una de las tantas "salas de conferencias" en la que había un largo tablón de cocina que había donado alguien, unas cuantas sillas desvencijadas y supongo que el teléfono que creó Alexander Graham Bell, ¡estoy mas que convencida que tiene que ser ese primer teléfono que hizo! Lo que no me explicaba era como había dado a parar allí, aparte su funcionamiento era un completo misterio para mí, así que me senté en el poyo de la ventana a esperar que Tara - así se llama mi prima - llamara al fulano que según me dijo era un dirigente juvenil y amigo de ella, para que viniera a "ayudarnos" a preparar el acto que tendría lugar al día siguiente. ¡Quién sabe porque razón! se me quedó grabado el número de teléfono del tipo.
Al rato llegó y desde que entró y me vi en sus ojos mientras caminaba por el corredor, me perdí - literalmente - ya que no conocía la casa aquella y venía saliendo del baño - que también me había costado horrores conseguir - esa casa era un laberinto de corredores y puertas de madera viejísima. Y no hallaba el cuarto… ¡perdón!… “La Sala de Conferencias” donde estaban mi prima y Miriam, finalmente lo encontré. Tara, se encontraba hablando con el tipo que había visto en el corredor que resultó ser el joven al que habían llamado, se llamaba Lucio… nombre que era muy fácil de recordar porque se asociaba a sucio pensé en aquel momento, a pesar de que el joven no era nada de eso, mas bien pulcro, de ojitos bonitos y cara bien formadita, ni que decir que me daba cuenta que me gustaba pues cuando nos dimos la mano, en el pecho algo empezó a retumbar por todos lados y sentía algo en el estómago. Caray, ¿serían gases?
Mientras ellos organizaban su cosa, - claro, yo como buena venezolana tengo tres palabras que sirven para todo, bicho, perol y cosa - yo hablaba en el corredor con Miriam, al poco rato Lucio y Tara junto a otras personas, salieron a organizar la tarima y las sillas para el mitin que tendría lugar al día siguiente, lo cierto es que me senté en una de aquellas sillas de plástico a mirar lo que hacían, al rato lo sentí sentarse al lado mío y sonreírme, al instante dejé de ver todo lo que estaba a mi alrededor o mas allá - pero porque se fue la luz- y quedamos sumidos en la mas completa oscuridad hasta que alguien trajo una vela, lo impresionante es que si acaso serían las 6 de la tarde y aquella casa parecía boca de lobo, mientras afuera en la calle todavía había algo de “iluminación solar” que decían allá, pero así era el lugar, perdido en los anales del tiempo.
Al poco le dieron una vela a él, que seguía sentado a mi lado que pronto comenzó a hablar conmigo, la verdad que ni me acuerdo de que, porque con el terror que le tengo a la oscuridad, estaba súper concentrada en no ponerme histérica y sólo veía su cara y asentía, vaya Ud a saber a cuantas cosas le dije que sí… podía haber dicho: “Su papá atropella cachorritos en la calle” Siiii afirmaba yo mudamente asintiendo con la cabeza. ¿Se imaginan? ¡Claro que lo dejé impactado!
Luego de irnos a la casa en la perola que conducía Tara - y que seguramente habían manejado antes unas cuantas generaciones de la familia – el caso es que en la camioneta íbamos apretujados todos en la cabina cual lata de sardinas, Tara conduciendo, al lado Miriam y yo en el medio de Miriam y Lucio que quien sabe a razón de que, también venía allí. Entramos en la casa y enseguida mis tías con toda su alharaca, pues cada vez que había visita ¡Se emocionaban aquellas mujeres¡ inmediatamente empezaron a ofrecer limonada fresca, té con limón y agua hervida pero fría - para matar los gérmenes porque claro, tampoco el agua embotellada había llegado a esa casa. Eso sería unos años después y no se imaginan… ¡la revolución! - En fin, volviendo a lo que nos ocupa, me senté en la escalera a jugar carritos, mejor dicho a tirar carritos por un barranco imaginario con Danielito, mientras no dejaba de ver la sala sin perderle pisada a los invitados… que la verdad se invitaron ellos mismos si he de ser sincera.
Lucio vino al rato a conversar conmigo mientras le pasaba la mano por la cabeza a Danielito a modo de saludo, ¿Qué me dijo, qué le dije?, Ay ¡no sé!... ¡Ay pero como me gustó aquella conversación divina! Lo único que recuerdo, es que me dijo que tenía 18 años y yo estaba impactada… de que un hombre como aquel, mayor de edad y todo ¡un hombrazo pues! me estuviera hablando así como tan bonito, me sentía ya toda una mujer. Tara se acercó a nosotros y me invitó a que fuéramos al día siguiente después del mitin, a comer helados. A falta de una mejor actividad le dije que sí, además de veras me había caído muy bien y quería conocerla mejor.
Al día siguiente fue el mitin, recuerdo estar en la parte de atrás de la tarima mientras mi papá daba su discurso y divisar de repente a Lucio… nos saludamos con la típica inclinación de cabeza, nos sonreímos y allí fue cuando dejé de escuchar todo lo que se estaba diciendo, ¡claro! - también la cosa es que se había ido el audio - trajeron un megáfono y así fue como mi papá dio el resto de su discurso, que debe haber estado muy bueno porque lo aplaudieron como locos, yo la verdad es que a pesar del megáfono no escuchaba ¡nada de nada! sólo veía a Lucio y fantaseaba que se acercaba a saludarme… hasta que me di cuenta que realmente lo tenía enfrente y me tendía la mano para saludarme muy formalito él, nos dimos la mano, nos saludamos y de pronto me arrastraron para ir a almorzar en caravana - digo en caravana porque todo el pueblo se montó en las 4 camionetas destartaladas y los 3 carros desvencijados que habían - y nos siguieron hasta la casa donde nos esperaba un suculento almuerzo, arroz quemado del día y un pollo durísimo, pero eso sí, lleeeeno de sabor, plátanos verdes y maduros. De postre un dulce de lechosa casero.
En la tarde llegó Tara, a buscarnos a Miriam y a mí para ir a comer helados, conversábamos gratamente en la camioneta cuando me di cuenta que no íbamos camino a la heladería, sino que estábamos subiendo por un caminito de tierra y así pasaron como 5 minutos mas hasta que llegamos a una casa de donde salió Lucio, quien rápidamente se montó en la camioneta al lado mío, ni que decir que empecé a oír pajaritos y todo… puede haber sido también que la familia de Lucio tenía un corral lleno con 250 gallinas… ¿Sería?
Fuimos a comer helados, nos echamos cuentos y mas cuentos, nos reímos mucho y mas tarde Tara decidió que podíamos irnos a comer algo, llamamos a la casa para decir que íbamos a comer a la pollera y así quedaran tranquilas las tías, o cuando llegáramos seguramente la tía Tula nos recibiría echándonos agua bendita y de la oreja nos llevaría al confesionario mas cercano, mientras rezaba unas cuantas novenas por la salvación de nuestras almas pecadoras ¡por atrevidos!
Una vez concedido el permiso fuimos a cenar a la pollera, el único restaurante del pueblo - era todo un lujo con plato único - pollo en brasas con yuca asada y arepitas con nata, no tenían mas nada!! Y eso comimos mientras el dueño nos decía a la pregunta de porque un solo plato ¿ pue, pa que vos queréis más? Sinceramente lo comimos con gusto porque la verdad si estaba rico, seguimos conversando un largo rato hasta que me paré al baño - lo raro es que ni Miriam ni Tara quisieron ir, cuando en todas partes las mujeres vamos todas juntas al baño… aquí y en Pekín ¡pero no, ellas no! … así de raro era ese pueblo - Lucio también fue, ¡al de varones claro! Muy galante me esperó que saliera y nos dirigimos a la mesa. Fue sentarnos que de repente… tanto a Miriam como a Tara ¡zuas! ¡Le entraron aquellas ganas incontrolables de ir al baño! Nos quedamos solos, en aquel silencio sorprendido y no sabíamos que decirnos pero había que romper el hielo, empezamos a conversar… hablamos poco pero alcanzó para darnos los teléfonos y decirnos cuatro tonterías tontas, ¡hasta que llegaron las cómplices aquellas! muertas de risa de vernos las caras de ponchados.
Al regresar, entraron a la casa Miriam y Tara quienes nuevamente nos dejaron solos en el portón de la casa, nos mirábamos sin atinar a decir mucho, pero intercambiamos promesas de llamarnos por teléfono, quizás mandarnos alguna postal... y recuerdo que de repente tuvimos un momento mágico…! mágico, mágico, mágico! Nuestras miradas se perdían en la del otro, nos íbamos acercando sin darnos ni cuenta - cuando de repente escuchamos: “Las morocotas… las morocotas, Lucio me acordé donde están las morocotas” Saliendo de la nada, el tío Adolfo le ponía una mano en el hombro a Lucio mientras él preguntaba cuales morrocoyas se le habían perdido al tío, Adolfo lo palmeaba emocionado porque se había encontrado un vírgen de morocotas y le contaba donde estaban. Por supuesto, que a los cinco minutos se dio cuenta que no podían estar enterradas al pie de la Estatua de la Libertad ya que si nunca había salido del pueblo, menos aún había ido a Nueva York, ensimismado en su mundo, se volvió a meter en la casa y se sentó en aquella, su mecedora de los recuerdos y aventurados sueños, para seguir haciendo memoria… no sin antes arrastrarnos dentro y sentarnos en el salón, con el resto de la familia.
Al día siguiente en la noche Miriam me llevó a ver las estrellas en la plaza Bolívar, a mi me parecía rarísimo… pero como en ese pueblo cualquier cosa podía pasar, me fui con ella. Allí estaba Lucio, esperándome sentado en uno de los 3 bancos que habían en la plaza, nos sentamos de frente y recuerdo que me dijo que se nos había quedado algo pendiente, se acercó a mi lo mas que pudo y acercó mi rostro al suyo con una mano y finalmente me dio ese beso soñado, sentí que algo me quemaba por dentro… era una sensación tan fuerte e impactante que me pregunté si estaría enamorada… evidentemente, hoy que han pasado los años me doy cuenta que aquello que me bajaba y me subía por el pecho… ¡fue un ataque de acidez impresionante!. A Lucio nunca mas lo volví a ver, dicen que dejó la política y ahora tiene una pollera con dos platos, por lo cual hace fuerte competencia al otro restaurante aquél. Y fue así como empezó mi paso de niña a mujer… con un ataque de acidez.
